miércoles 21 de mayo de 2008

Liada


Perdonad que escriba tan poco... ando extremadamente liada y sólo dispongo de ordenador en el trabajo... Sigo aquí, en la sombra, de voyeur miope, de mirona timida, siguiendo vuestros posts y movimientos, desorden (pequeña) al acecho, tras los visillos, tras la cerradura...

viernes 9 de mayo de 2008

Charla y Viernes

Hoy daban una charla en el Hospital Gregorio Marañón y allá que me han mandado desde el curro para difundir luego el conocimiento alrededor de una fogata como girls-scouts.
Enseñanzas que ha obtenido Pequeña Desorden del día de hoy :

- El Hospital Gregorio Marañón no está en la parada de Metro Gregorio Marañón, por obvio que pueda parecer.
- Si no sabes donde está el lugar donde vas, pregunta a un mínimo de tres personas pues con toda probabilidad, dos de ellas te mandarán a direcciones totalmente opuestas. La tercera a la que preguntes es la que decidirá tus pasos. Una señora me ha indicado donde se encontraba el Gregorio Marañón y allá que he ido hasta que me he cansado de andar, he preguntado a otra señora y me ha mandado exactamente al punto del que yo había partido originariamente. Deduzco que la primera señora me debió entender: “Perdone, ¿dónde se encuentran las antípodas del Gregorio Marañón?”
- El laberinto del Minotauro inspiró la construcción de todos los Hospitales modernos. He dado más vueltas que un hámster en una jaula.

Iba a escribir algo más largo y elaborado pero es viernes, me quedan exactamente 12 minutos para salir y lo dejo ya. Que paséis un buen fin de semana.

De propina, cancioncilla chula para empezar el finde
con un título apropiadísimo

jueves 8 de mayo de 2008

Locura y maldad

Escribes en tu blog que estás de bajón e inmediatamente toda la gente que te conoce y te lee, te llama preguntándote cómo estás. Bien, estoy bien. Llevo unos días que entre unas cosas y otras me he quedado un poco bajita, pero estoy muy bien, DE VERDAD. Es más, podría decir que no puedo estar mejor.

Otra cosa.
Hoy me ha enviado una amiga un artículo de
EL PAÍS deAlberto Fernández Liria que no puedo dejar de pegar el enlace aquí. Es curioso ese miedo que tenemos a aceptar la maldad humana: cualquier acto perverso lo atribuimos a una enfermedad mental, negamos que cuando un individuo es capaz de cometer tales acciones esté en su sano juicio . Supongo que vivir en la falsa creencia de que el ser humano es bueno por naturaleza garantiza la supervivencia de la especie y nos hace sentir la seguridad de nunca podremos hacer o sufrir algo así. Es curioso.


miércoles 7 de mayo de 2008

Mellon Collie and the Infinite Sadness

Siempre he dicho que mis canciones preferidas suelen ser alegres pero con un puntito melancólico que sólo yo oigo. Canciones polivalentes: si estoy alegre me animan, si estoy triste, me acarician. Tengo miles de ejemplos, me viene ahora a la cabeza ahora:

- “Common People” y “Like a Friend”, ambas de Pulp,
-“The End has no end” de los Strokes,
-“The 15th” y “Emerge” de Fisherspooner,
- “High and Dry” de Radiohead,
-“Desorden” de Los Planetas, -
-“Never let me down” de Depeche Mode,
-“Galapogos” de Smashing Pumpkinds
- y mil más…
La cancioncilla tan de moda ahora “Young Folks” de Peter Bjorn (reina de los politonos y de la cabecera de la Serie “Cuestión de Sexo”) me encanta, pero aunque me incite a bailar, también me parece que tiene un tono melancólico de fondo, de verdades dichas a medias y despedidas. Y es el tono que llevo en el movil (siento ser así de hortera) y este no suena. Definitivamente, ese “Young Folks” es una canción triste.


Y hoy que vuelvo a estar de bajón, más que nunca.

miércoles 30 de abril de 2008

Sedoso asqueroso

Perdonad el post de ayer. Estaba un poco de bajón. Hoy ya estoy bien, animada como siempre. Además, cómo no voy a estarlo ante la maravillosa perspectiva de un super puente de 4 días…
Hace unos días se me acerca el Gran Dodo con su sonrisilla desdentada (“es lo que tiene tener 8 años” según sus palabras) y me dice que tiene un regalo para mí. Los regalos de Dodo desde la óptica de un adulto son cuestionables pero yo los valoro muchísimo porque sé que para él son un tesoro.
Regalos que me ha hecho Dodo hasta la fecha:


- Palillos del restaurante chino (usados, mordidos)
- Calendario del mismo restaurante chino.
- Cártel con el nombre y foto de un barbudo dirigente político (es lo que tiene que su madre sea militante de ese partido).
- Pinza de la ropa decorada por él mismo.
- Llavero promocional de una conocida marca de salchichas.

Y el otro día me llega y me dice “toma, para ti” y me da una cajita de cartón. Dentro había unas hojitas y GUSANOS DE SEDA. Y lo siento, sé que me vais a criticar, no reaccioné bien , pero no pude, fue superior a mis fuerzas. ME DAN UN ASCO ESPANTOSO. No entiendo por qué esos gusanos son especiales a otros si para mí están en la misma categoría asquerosa de “BICHOS” que engloba: cucarachas, moscas, polillas, larvas, lombrices y ascos varios.
Después de mi grito de asco, era ya difícil disimular con un “ay, gracias Dodo, que ilusión me hace” y lo intenté, que conste, pero el Gran Dodo no se lo tragó. Le dije que me daba mucha pena pero no me los podía llevar porque vivo en la ciudad y no hay árboles de morera para alimentarlos.( FALSA, FALSA) Dodo volvió a insistir “pero si son preciosos, mira que suaves, tócalos”. Yo no toco ni bajo tortura un gusano y me da un repelús importante ver a un niño tocando uno de esos. Lo siento, no me gustaban ni cuando era pequeña, por poco me muero el día que un compañero mío de clase se comió uno y me dijo que sabía igual que los “gusanitos” ( esas bolitas de maiz horneados de RISI)
“Jo, es que mi madre me ha dicho que te los dé que si no los voy a tener que tirar”
Insiste Dodo con sus ojos de Bambi. “Que jodía tu madre” pienso. Bueno, pues me los llevo, no te preocupes. En cuanto terminó la clase y me marché, al pasar por una papelera los tiré, sin asomo de arrepentimiento. Lo siento. Me gustaría sentir algo de pena, pero nada, como una piedra. No quiero ni puedo sentirme culpable por haber tirado unos gusanos a la basura por muchos ojos de Bambi que me miren.
Ahora TODOS los santos días Dodo me pregunta cómo están los gusanitos y yo no me atrevo a decirle que los tiré en una papelera con caja incluida. No sé cómo salir de mi mentira. Ya le contado que han hecho capullo (y aquí la única capullo soy yo) y que dentro de poco saldrán unas mariposas preciosas.


Si hay algo que me dé verdadero asco en este mundo, más que los gusanos de seda, son las mariposas de los ídem.


Y ay, buscando fotos para ilustrar esto he metido en el flickr la entrada "gusanos de seda" y me muero con sólo lo que se ve por ahí. Nada, pongo otra foto que me mola aunque no tenga nada que ver con lo que hablo hoy. Ay, y que en paz descansen esos bichos que más descanso yo.

martes 29 de abril de 2008

triciclo

Una vez siendo muy pequeña, de 3 ó 4 años, cogí mi triciclo y empecé a correr. Me acuerdo perfectamente del aire en mi cara, mover con fuerza las piernas en los pedales, alejándome en cada pedalada, apartarme el pelo rubio de la cara. Dejé atrás a mis padres, y seguí corriendo, recuerdo aún siendo tan pequeña como corría, corrí con todas mis fuerzas, me quería ir lejos, a ver qué había, a ver qué pasaba…Mi padre me alcanzó y me llevé un buen azote en el culo, pero el veneno ya había entrado en mis venas. De niña también me daban esas ventoleras, cuando me venía mi madre a buscar al cole, yo ya me había ido porque quería volver sola a casa. Siempre me caían unas broncas importantes y dejé de hacerlo por ese motivo pero recuerdo fantasear con el irme muy, muy lejos. En la adolescencia, lejos del control paterno, retomé mi hábito. Me gustaba callejear yo sola, sin rumbo, ir por lugares donde nunca hubiese estado. Cuando me invadía la angustia, me marchaba yo sola, sin dar explicaciones a nadie, en lugares donde nadie me conocía, me sentía invisible, era como si pudiese desaparecer, como si me disipase en el aire. En mi adolescencia, muchas veces soñaba con coger un tren y marcharme muy muy lejos, sin saber a dónde, el lugar era lo de menos, era un lugar donde me encontraría. No era huir, no. Era encontrarme en otro lugar, poder ser otra yo en otro sitio porque aquí me sentía actuando en una vida de mentira. Estaba segura que la Pequeña Desorden sería más auténtica en otro lugar, un sitio donde los sueños se podrían cumplir. Me sentía ensayando para el gran papel que me esperaba: el de protagonista de mi vida, no mera observadora. A veces la angustia se me atrapaba al pecho, una especie de insatisfacción enorme, inabarcable, ganas de llorar que se aferraban a mi garganta, aunque todo estuviese bien, aunque yo no estuviese triste. Sólo quería empezar de nuevo en otro lugar y borrar todo lo que llevaba hecho. Y marchaba, desaparecía unas horas. Era más importante mi ausencia en el lugar donde solía estar que al sitio que realmente iba.
Con 25 años me marché a Londres sin billete de vuelta. Allí me sentí sola, realmente sola. Fue una época de mi vida muy intensa, buena y mala a la vez. Recuerdo salir del trabajo de camarera en un pub, y estar lloviendo y yo estar agotada y montarme en el metro y no conocer a nadie, y sentirme vacía y llena al mismo tiempo. Regresé sin curarme. Comprendí que la ciudad es la que llevas contigo dentro, da igual al sitio que vayas.
Soy una persona muy entusiasta, muy alegre. Sin embargo, hay veces que la insatisfacción me llena, que quiero avanzar más deprisa de lo que mis manos pueden alcanzar y me frustra. Mucha gente que me conoce me ha dicho que mi problema es que lo quiero todo YA. Y yo me pregunto por qué no puede ser así.
Todavía me asaltan esos momentos de angustia y tengo ganas de coger mi triciclo y marcharme lejos a hacer borrón y cuenta nueva. Ver que pasa. Ayer salí de clase con Dodo y la tarde amenazaba lluvia, y sentí por un instante ganas de volver a ser invisible y marcharme lejos. Pero duró poco, unos instantes, pues cada vez se parece más mi vida a lo siempre he buscado y ahora no quiero dejar nada atrás. Por primera vez en mi vida me gusta lo que tengo y lo que soy. Por primera vez en mi vida me daría pena dejar todo el camino que llevo andado y todo lo que he conseguido. No me siento actriz secundaria. Ya no tengo que huir.

lunes 28 de abril de 2008

Chicas bombón II

Yo siempre llego a la música con un par de años de retraso como mínimo. Por eso si alguien lee esto que no se lleve las manos a la cabeza, porque yo funciono así. Ayer mientras tomaba un café en un bar de la Latina, descubrí a los Doves. Hoy nada más llegar al curro me he descargado todo lo que mi ordenador-carraca me permite y aquí estoy, totalmente fascinada.
Pero mi idea de escribir hoy no era esto. Tras leer los comentarios de mi post anterior me he dado cuenta de que no me expliqué bien. No me refería no coger un bombón por miedo a engordar, no. Ninguna en mi curro sigue dieta y todas sabemos que comernos un bombón no es “la caída al infierno” Yo creo más bien que se trata de un comportamiento social que se da entre grupos de mujeres. Ninguna coge un bombón de más, queremos ser la compañera perfecta. Es como una exhibición (boba) de autodominio, de compañerismo, de autocontrol. Cuando una ya se atreve a coger el bombón deseado, lo dice públicamente y con miedo a pasarse. Estoy segura de que si cada una hubiese estado sola frente a esa caja de bombones, la situación sería distinta. Es peor incluso que el miedo a engordar, esa rectitud estricta (estúpida), esa afán de perfección.


Pero tampoco voy a negar lo obvio. Resulta triste comprobar que es difícil escapar de la presión social hacia un cuerpo perfecto. El bombardeo publicitario por un cuerpo 10, la presión mediática y social deja a su paso miles de victimas. Las mujeres nos descuartizamos frente a un espejo. No vemos un conjunto, un cuerpo pleno de mujer joven o madura con capacidad para recibir y dar placer sino patas de gallo, arrugas, papadas, labios finos, tetas pequeñas o caídas, piernas celulíticas, imperfecciones y puntos negros, vello no deseado. De pronto salen anuncios que te hacen que te percates de partes de tu cuerpo que jamás hubieras pensado que pudieran ser mejoradas. Todos los años por estas fechas empieza la campaña publicitaria de la “lucha contra la celulítis”, “vence la celulitis”, cuando es una guerra perdida de antemano. La celulitis no se erradica, señoras, pero las campañas son cada vez más salvajes y más intrusivas. Muslos de barbie, caderas de niñas en mujeres de 40 años.
Leí no sé dónde que la celulitis es un invento nuevo, que nuestras abuelas (y abuelos) jamás vieron un problema en las carnes de sus muslos, que hace 40 años se denominaba “piel de la mujer madura” lo que es ahora celulitis y es algo que posee el 85% de las féminas, algo inherente al cuerpo femenino independientemente de su grasa corporal o su edad. También leí que el 85% de las mujeres acaban deprimidas tras leer una revista de moda y ver fotos (retocadas) de modelos estupendas, jóvenes y tersas. Nos han vendido un ideal de belleza inalcanzable haciéndonos creer que alcanzaremos la eterna juventud untándonos de potingues. Creando una insatisfacción eterna requeriremos siempre más y más productos que nos prometen lo imposible y que queremos creer a toda costa. Y mujeres que dejan de comer, como dejarían de respirar o de follar y/o hacer el amor si eso les garantizase perder unos kilos.
Cuando me miro al espejo desnuda, descubro que mi cuerpo ha cambiado. Sigo siendo delgada pero en dos años he perdido juventud en mi cuerpo. Puedo seguir usando la misma ropa pero ya no me queda igual. Estoy más mayor, tengo cuerpo de mujer pero sé que está en mis ojos y no en mis muslos el amor por mi cuerpo, en su capacidad para recibir caricias. Ir más allá de la pupila que me ha educado la sociedad para percatarse de varices, celulitis, redondeces, flacidez y ser capaz de fijarme en el conjunto de una mujer sana y fuerte con capacidad para dar calor y grandes abrazos, y para disfrutar y gozarlo, de sentir placer y dolor, y con posibilidad de llevar, cuando yo lo decida, una vida dentro.

Estoy lejos de la perfección de las revistas, pero soy real, muy real, estoy sana. Como porque soy un ser vivo, porque lo necesito y porque es un placer, igual que el hacer el amor, y porque quiero disfrutar de todo lo que mi cuerpo quiere darme. Soy bella porque yo me veo así y así me verán los que me quieren. Que mi cuerpo soy yo y según los mensajes que le envie así me querré.

(este bombón que ahora me como va para Uds.)